
Reeves establece que la naturaleza está constituida como a partir de un alfabeto. Las letras de ese idioma singular son las partículas elementales (indivisibles), los electrones y los quarks. Es la combinación de esa decena de «letras» elementales lo que permite construir el centenar de átomos que reconoce la física.
¿Y si descubrimos en el último capítulo, como en nuestra novela, que no existe solución? En primer lugar, es preciso reconocer que hay que considerar esta hipótesis. Nada nos permite excluirla. Y enseguida, hay que enfrentar la idea. Para algunos resulta visceralmente inaceptable. En otros ejerce una atracción considerable, que bordea la seducción. Efectuada la confrontación, reconocidas y aceptadas las reacciones, podemos volver atrás más tranquilos. A fin de cuentas, puede que la realidad tenga un sentido…. Hubert Reeves
Los conocimientos científicos nos dan una imagen nueva del ser humano. Destronado de sus pretensiones de «centro del mundo», encuentra una dignidad nueva. Se sitúa muy alto en la escala de seres organizados de la naturaleza. Allí lo ha conducido esa prolongada gestación en la cual están comprendidos todos los fenómenos cósmicos. Hubert Reeves
Comparte esta dignidad con todos sus hermanos humanos, sea cual sea su origen. El respeto de los derechos del hombre es también la toma de conciencia de la importancia de cada individuo en la historia del universo. Hubert Reeves
En la escala de la masa y el volumen, el hombre no es nada: ínfima mota de polvo en un espacio sin límite. Pero según el criterio, mucho más significativo, de la organización, se sitúa muy alto. Nuestro conocimiento indica que ocupa el escalón más elevado, aquel desde donde puede ver el universo y plantear preguntas acerca de su origen y su porvenir. Nadie antes que nosotros –por lo menos en este planeta- ha podido acceder a esas preguntas. Hubert Reeves
No somos unos extraños en el universo, pero estamos insertos en una aventura que prosigue en distancias de miles de millones de años luz. Somos los niños de un cosmos que nos ha dado nacimiento después de un embarazo de quince mil millones de años. Como en la tradición hindú, piedras y estrellas son nuestras hermanas. Y descubrimos que dependemos de todos los vivientes, vegetales y animales, que han participado en la elaboración de nuestra fértil biosfera. Hubert Reeves
Estamos comprometidos, con las nebulosas y los átomos, con todo lo que existe, en esta vasta experiencia de organización de la materia. Hubert Reeves
Estar «del lado de la vida». Compasión universal por todo lo que vive. No son opciones del orden de la racionalidad, sino del orden de los valores. La racionalidad se sitúa como aval. Distinguir «razonable» de «racional». Lo primero incluye intuición y afectos. Lo segundo sólo implica un despliegue correcto del proceso lógico. Hubert Reeves
La conciencia nos sirve, entre otras cosas, para descubrir que somos mortales. ¿No sería mejor no saberlo? Los animales no saben que van a morir –por lo menos eso suponemos- y no sufren la angustia de la muerte. ¿No deberíamos envidiarlos?. Hubert Reeves
La conciencia, en cambio, permite el encuentro de los seres, el reconocimiento del otro como otro. ¿Podrían desarrollar sentimientos recíprocos un par de ordenadores en red?. Hubert Reeves