... los indiduos, los cuales no se distribuyen en naciones, sino por la diversidad de lenguas, de leyes y de costumbres practicadas, y sólo de estás dos, es decir, de las leyes y las costumbres, puede derivarse que cada nación tenga un talante especial, una situación particular y, en fin, unos prejuicios propios.
Baruch Spinoza

Frases de Baruch Spinoza - ... los indiduos, los cuales no se distribuyen en naciones, sino por la diversidad de lenguas, de leyes y de costumbres practicadas, y sólo de estás dos, es decir, de las leyes y las costumbres, puede derivarse que cada nación tenga un talante especial, una situación particular y, en fin, unos prejuicios propios.

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Ayn Rand
La maravilla pasa, el dolor queda.
Juan Gelman
Yo soy jacobino y creo que los estados deben ser fuertes y que la educación debe ser férrea y medieval. Digo que los estados deben ser fuertes, no autoritarios ni totalitarios. Entre los jacobinos no hay nacionalismos posibles, sino un país solidario y a marcar el paso; y el que no quiera ser libre, lo va a ser a garrotazos
Arturo Pérez-Reverte
Es preferible ponerse el mejor traje de optimista que uno tenga, cuando menos el traje de la esperanza, y creamos que las cosas se mueven en la medida que seamos capaces de empujarlas desde la honradez, y desde lo que cada uno sabe hacer
Joan Manuel Serrat
¡Cómo me horroricé al verme reflejado en el estanque transparente! En un principio salté hacia atrás aterrado, incapaz de creer que era mi propia imagen la que aquel espejo me devolvía.
Mary Shelley
La inquisición, como es sabido, es una invención admirable y sumamente cristiana para hacer al papa y a los monjes más poderosos y para convertir en hipócrita a todo un reino.
Voltaire
No tengo rabo de paja
Alvaro Uribe
Fui elegido porque era el único veterano entre los candidatos, y si mi hermano Joe no hubiera muerto, él habría sido el miembro del Congreso.
John F. Kennedy
Nada deseamos tanto como aquello que no es consentido.
Publilio Siro
El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
Fiódor Dostoyevski