El verdadero valor de un hombre se determina examinando en qué medida y en qué sentido ha logrado liberarse del yo
Albert Einstein

Frases de Albert Einstein - El verdadero valor de un hombre se determina examinando en qué medida y en qué sentido ha logrado liberarse del yo

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Si se sobrepasa la medida, lo más agradable se torna en lo más desagradable.
Demócrito
La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral.
Arthur Schopenhauer
Y al lado del instinto de supervivencia, al lado de la fuerza hipnótica de las grandes ideas, trabaja también una tercera fuerza: el terror ante la violencia ilimitada de un Estado poderoso que utiliza el asesinato como medio cotidiano para gobernar.
Vasili Grossman
No sé con qué armas se luchara en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y mazas.
Albert Einstein
¿Por qué razón el hombre se vanagloria de poseer una sensibilidad superior a la del bruto? Si nuestros impulsos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres; pero nos conmueve la más ligera brisa, y tan sólo una palabra o la imagen que ésta despierta en nosotros, inquieta nuestro espíritu.
Mary Shelley
Mi pensamiento “soy yo”: por eso no puedo parar. Existo por lo que pienso.. y no puedo evitar pensar
Jean-Paul Sartre
Creo en mí antes que en Dios, pero el problema es que me lleva ventaja porque hay un libro que habla de él y Playboy aún no quiere editar un desnudo mío...
Groucho Marx
Nadie puede estar en las filas de la izquierda si está a favor del maltrato a los animales. Vamos, a Pablo Iglesias le hablaban de los toros y blasfemaba
Pablo Castellano Cardalliaguet
Jesucristo , el Hijo de Dios, es la verdad Universal más poderosa que poseemos en el mundo.
Adolfo Kolping
Dios no es un ser indiferente o lejano, por lo que no estamos abandonados a nosotros mismos.
Juan Pablo II