De todas las ruinas del mundo, la ruina del hombre es, sin duda alguna, el más triste espectáculo
Théophile Gautier

Frases de Théophile Gautier - De todas las ruinas del mundo, la ruina del hombre es, sin duda alguna, el más triste espectáculo

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El verdadero maestro es aquel que ayuda al alumno a alcanzar la perfección de la ciencia
Tomás de Aquino
... todos los objetos que han adorado alguna vez sin fundamento no son más que fantasmas y delirios de un alma triste y temerosa;
Baruch Spinoza
Nosotros, que venimos de atrás, que fuimos conquistados, que fuimos explotados, que fuimos esclavizados a lo largo de la historia, ¡qué ideas maravillosas podemos defender hoy, qué ideas tan justas pueden ser nuestras ideas! Y podemos pensar en términos latinoamericanos y hasta en términos mundiales: ¡Qué lejos hemos llegado los esclavos!
Fidel Castro
En la vida llega un momento, y creo que es fatal, que no se puede escapar, en que todo se pone en duda: el matrimonio, los amigos, sobre todo los amigos de la pareja... Y esa duda crece alrededor de uno
Marguerite Duras
¿Más no vive el mortal, cuando ya muda es para él del mundo la armonía, si puede alimentar dulces recuerdos en los pechos amantes?
Ugo Foscolo
No lo que las cosas son realmente, sino lo que son para nosotros según nuestra interpretación 'es lo que' nos hace felices o infelices
Arthur Schopenhauer
Hay que dejar que las espintas de las dificultades ciñan nuestra cabeza y que la lanzada de la contradicción traspase nuestro corazón. Beber la hiel y tragar el vinagre... puesto que Dios así lo quiere
Francisco de Sales
Si aprendes de la derrota, realmente no has perdido.
Zig Ziglar
Yo soy de naturaleza conservadora, he conservado una mujer durante 40 años. Vivo en una casa del siglo XV que he restaurado. He plantado más de 500 árboles. Y me dedico a un oficio milenario. ¿Cómo no voy a ser conservador? El problema es que los que se llaman conservadores son unos depredadores. No es mi caso.
Albert Boadella
¡Cuán necio había sido su intento! Había tratado de construir un dique de orden y elegancia contra la sórdida marea de la vida que le rodeaba.
James Joyce