Pero la vida de ella era fría como una buhardilla, con tragaluz al norte y donde el hastío, araña silenciosa, tejía su tela en la penumbra por todos los rincones de su corazón.
Gustave Flaubert

Frases de Gustave Flaubert - Pero la vida de ella era fría como una buhardilla, con tragaluz al norte y donde el hastío, araña silenciosa, tejía su tela en la penumbra por todos los rincones de su corazón.

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Me enseñó muchas cosas y aprendí mucho, y sin presumir de nada; ¡agarré el cielo con las manos, con cada palabra, cada mañana!
Chavela Vargas
Los nuevos medios para el control han sido creados no por nosotros sino por el capitalismo en su etapa militar-imperialista
Lenin
Cada beso llama otro beso. ¡Con qué naturalidad nacen los besos en esos tiempo primeros del amor! Acuden apretándose unos contra otros; y tan difícil sería cortar los besos que se dan en una hora, como las flores de un campo en el mes de mayo
Marcel Proust
La ciencia es el conocimiento organizado.
Herbert Spencer
No tenemos derecho a hacer desgraciados a aquellos a quienes no podemos hacer buenos.
Luc de Clapiers
Los hechos y las fechas son el esqueleto de la historia; las costumbres, las ideas y los intereses son su carne y su vida.
Voltaire
Hay motivos para un optimismo cauteloso de que ahora podemos estar cerca del final de la búsqueda de las leyes últimas de la naturaleza
Stephen Hawking
El Señor nos ha dado muchos días de sol y ligera brisa, días en los que la pesca fue abundante, pero también momentos en los que las aguas estuvieron muy agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia y el Señor parecía dormir
Benedicto XVI
Déjenme en paz, déjenme dormir una sola noche sin mojar de lágrimas mi almohada, sin sentir que mi cabeza está a punto de estallar y sin que ardan mis ojos. ¡Déjenme marchar, déjenme abandonarlo todo, y sobre todo este mundo!
Anne Frank
La única garantía contra la esclavitud política es el freno que puede mantener sobre los gobernantes la difusión entre los gobernados de la inteligencia, la actividad y el espíritu público.
John Stuart Mill