Los dioses nos dieron de la filosofía no su conocimiento, pero sí la facultad de alcanzar la sabiduría.
Séneca

Frases de Séneca - Los dioses nos dieron de la filosofía no su conocimiento, pero sí la facultad de alcanzar la sabiduría.

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Aunque los caminos de la búsqueda son numerosos, la búsqueda es siempre la misma.
Yalal ad-Din Muhammad Rumi
Fuera de mí, en el espacio, errante, la música doliente de un vals; en mí, profundamente en mi ser, la música doliente de tu cuerpo; y en todo, viviendo el instante de todas las cosas, la música de la noche iluminada.
Vinicius de Moraes
La distancia no es cuanto nos separemos, la distancia es si no volvemos
Alejandro Sanz
De todos los despotismos, el de los doctrinarios o de los inspirados religiosos es el peor. Son tan celosos de la gloria de su dios y del triunfo de su idea, que no les queda corazón ni para la libertad, ni para la dignidad, ni para el sufrimiento de los demás hombres vivientes, de los hombres reales.
Mijaíl Bakunin
Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios.
Jacinto Benavente
No intento ser una pulga performista nunca más. Yo era el dreamweaver, pero aunque yo este aquí no intento estar corriendo a 20000 millas por hora probándome. No quiero morir a los 40.
John Lennon
Muchachos, cuidado, piensen en que el arquitecto perfectamente organizado es el Creador, y por algo él definió las cosas, aplacen la sexualidad que eso tiene una relación con la familia. Ese gustico es para la familia
Alvaro Uribe
La causa de la mujer es la del hombre: los dos se levantan o sucumben juntos.
Alfred Tennyson
Hay gente que cree que porque se ríe de que el cojo se cae tiene sentido del humor. Hay que reírse cuando es uno el que se cae. Te diviertes mucho más
Joan Manuel Serrat
Temes a la imaginación. Y a los sueños más aún. Temes a la responsabilidad que puede derivarse de ellos. Pero no puedes evitar dormir. Y si duermes, sueñas. Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos
Haruki Murakami