El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo
Gustavo Adolfo Bécquer

Frases de Gustavo Adolfo Bécquer - El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo

Más Frases


Presidente – le gritaba el marqués desternillándose de risa -, sin duda esto es un designio de la providencia, es el talión, amigo mío, la ley del talión, la ley predilecta de vuestros tribunales, ¿por qué os quejáis de estar colgado así? ¿acaso no condenasteis a menudo al mismo suplicio a quienes no se lo merecian tanto como vos?
Marqués de Sade
La diversión es como un seguro, cuanto más viejo eres más te cuesta.
Friedrich von Schiller
El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional.
José Ortega y Gasset
¿Se ha dado cuenta de cómo apreciamos nuestros males? Usted se agarra a sus ideas religiosas, y yo a mi quimera del estilo, que me arruina el cuerpo y el alma. Pero posiblemente sólo poseemos algún valor gracias a nuestros sufrimientos, porque equivalen siempre a una aspiración.
Gustave Flaubert
Mi vida está en sus manos, seré lo que ustedes hagan de mí, haré lo que les gusta, seré un chico malo, seré su chico malo.
Freddie Mercury
A la mala costumbre de hablar de uno mismo y de los propios defectos hay que añadir, como formando bloque con ella, ese otro hábito de denunciar, en los caracteres de los demás, defectos análogos a los nuestros
Marcel Proust
Me atrevería a afirmar que los vagos están mucho más capacitados para realizar cualquier cometido importante que las personas que se pasan la vida ejerciendo una profesión, simplemente porque conocen el mundo en el que viven al ser dueños de su tiempo.
José Miguel Monzón Navarro
La vida está dividida entre lo horrible y lo miserable. (Annie Hall, 1978).
Woody Allen
La sabiduría de los sabios y la experiencia de los siglos pueden ser conservadas con las citas.
Benjamín Disraeli
Soy de los que imaginan a una especie de dios borracho, o bromista cósmico, tronchándose de risa con los afanes de las miserables hormigas que corremos bajo su bota.
Arturo Pérez-Reverte