-¡Felíz tú! Yo creo que no hay tiempo para nada; yo creo que si el tiempo sobra es porque, como es tan poco, no sabemos que hacer con él. Nati frunció graciosamente la nariz. -¡Ay, Marco, hijo! ¡No empieces a colarme frases profundas! Martín se rió.
Camilo José Cela

Frases de Camilo José Cela - -¡Felíz tú! Yo creo que no hay tiempo para nada; yo creo que si el tiempo sobra es porque, como es tan poco, no sabemos que hacer con él. Nati frunció graciosamente la nariz. -¡Ay, Marco, hijo! ¡No empieces a colarme frases profundas! Martín se rió.

Más Frases


El celo, hijo de la desconfianza, es hermano de la credulidad
Ignacio Manuel Altamirano
La amistad repugna la pobreza y el dolor, como la planta la oscuridad y el aire enrarecido. Si deseas conservar amigos, ocúltales tus penurias y pesadumbres
Santiago Ramón y Cajal
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Proverbio
La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
Jorge Luis Borges
Tengan horas determinadas para el trabajo y el recreo; comprendan el valor del tiempo usándolo bien.
Louisa May Alcott
No me interesa exponer mi vida privada a la gente. Creo que soy un artista transparente, de esos que cuelga la ropa en el frente y esas ropas son mis canciones, con ellas pueden descubrir toda la intimidad, mi alma al desnudo
Alejandro Sanz
El peuperismo es el hospital del ejército del trabajo
Karl Marx
La falsedad y el disimulo son útiles dentro de la vida social. Yo esta condición no la he tenido, y creo que el no tenerla me ha perjudicado más que otra cosa. También me ha perjudicado un poco, al tratar con propios y extraños, el no tener solemnidad.
Pío Baroja
El comunista nunca debe creerse infalible ni comportarse en forma altanera, pensando que sobresale en todo mientras los demás no tienen nada bueno; jamás debe encerrarse en su pequeña habitación, ni fanfarronear, ni actuar como tiranuelo.
Mao Zedong
La gente aguantaba que les mordiera un lobo pero lo que verdaderamente les sacaba de quicio era que les mordiera una oveja.
James Joyce