Los escritores burgueses se debían suicidar como clase. Inevitablemente porque la derecha no lee; la izquierda no tiene tiempo, entonces, ¿quién te lee? O bien fracasas espantosamente y te mueres de hambre por ahí vendiendo kleenex por las esquinas. O si no fracasas del todo te aburguesas.
Francisco Umbral

Frases de Francisco Umbral - Los escritores burgueses se debían suicidar como clase. Inevitablemente porque la derecha no lee; la izquierda no tiene tiempo, entonces, ¿quién te lee? O bien fracasas espantosamente y te mueres de hambre por ahí vendiendo kleenex por las esquinas. O si no fracasas del todo te aburguesas.

Más Frases


La táctica constituye la enseñanza del uso de las fuerzas armadas en los encuentros, y la estrategia, la del uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra.
Carl von Clausewitz
El único modo de proteger a nuestro pueblo, el único modo de asegurar la paz, el único modo de controlar nuestro destino pasa por nuestro liderazgo.
George W. Bush
Instruído por impacientes maestros, el pobre oye que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.
Bertolt Brecht
Tal vez yo también había sido demasiado cauteloso para actuar con naturalidad y no cometer errores que me comprometieran. El exceso de precauciones y dudas puede terminar siendo perjudicial.
Kōbō Abe
Las cosas no valen sino lo que se las hace valer.
Moliere
Nosotros estamos todos dañados en nuestro propio camino. nadie es perfecto. creo que estamos todos un poco chiflados. cada uno de nosotros
Johnny Depp
Los políticos honrados se quitan del medio cuando cae sobre ellos la sospecha.
Antonio Gala
No hay cosa que sea suficiente para aquel que no queda satisfecho con un poco
Epicuro
En los festines acuérdate que tienes dos invitados: el cuerpo y el alma. Lo que des al cuerpo lo perderás; lo que des al alma lo conservarás eternamente.
Epicteto
De la celebración dominical surgen los motivos de alegría y esperanza, que dan nuevo sabor a la vida de cada día y constituyen un antídoto vital contra la posible tentación del aburrimiento, la falta de sentido y la desesperación
Juan Pablo II