No nos hagamos ilusiones con el cielo que el cielo no da asidero a la esperanza. El cielo es un señuelo para los tontos, y una justificación descarada para el crimen de traer hijos a este mundo. Nadie va para el cielo. Todos vamos hacia la muerte y sus gusanos
Fernando Vallejo

Frases de Fernando Vallejo - No nos hagamos ilusiones con el cielo que el cielo no da asidero a la esperanza. El cielo es un señuelo para los tontos, y una justificación descarada para el crimen de traer hijos a este mundo. Nadie va para el cielo. Todos vamos hacia la muerte y sus gusanos

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No hay nada más conmovedor que la risa de una mujer bella que ha llorado mucho.
Ramón Gómez de la Serna
Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó
Coco Chanel
La enfermedad que obliga a pasar más horas en la cama es una amante bonita
Enrique Jardiel Poncela
Cambiaría el mundo si sólo enviara libros en lugar de enviar armas a otros países. (Frase dirigida al Presidente Barack Obama)
Malala Yousafzai
Esquivando una abeja de la flor, incliné mi cabeza y, cogiéndola luego por el tallo, escuché y oí, clara, la palabra... ¿Pronunciaste mi nombre? ¿O bien dijiste...? Sí, alguien dijo: ¡Ven! , mientras yo me inclinaba. Si acaso lo pensaba, no lo dije en voz alta... Por eso regresé.
Robert Frost
El sistema ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos
José Luis Sampedro
Lo que destruye las posibilidades de la vida es permanecer siempre encerrados en la cárcel de nuestros pequeños ideales sin generosidad y sin ardor, mientras el sol ilumina la tierra alrededor de nuestra casa.
Maurice Maeterlinck
Cualquier persona con la tripa llena de clásicos es un enemigo de la raza humana.
Henry Miller
Aprende a amar la soledad; pero acepta siempre con gusto las interrupciones. El amor a la soledad es propio de todas las vidas triunfadoras
Noel Clarasó
...declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica
Jorge Luis Borges