El amor eterno dura 2 o 3 meses
Anónimo

Frases de Anónimo - El amor eterno dura 2 o 3 meses

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He cumplido mi deber para con mi pueblo y para con Sudáfrica. No tengo la menor duda de que la posteridad reivindicará mi inocencia y, del mismo modo, afirmo que los criminales que debían haber comparecido ante este tribunal son los miembros del gobierno.
Nelson Mandela
Los cristianos deben responder al mal con el bien
Papa Francisco
No me debes nada por darte el amor que te doy, no me debes nada por importarme de la forma en que me has importado. Te doy gracias por recibir, el privilegio es mío. Y tú no me debes nada a cambio. (You Owe Me Nothing In Return - 2002).
Alanis Morrissette
El cristiano tiene necesidad de la enfermedad, más o menos como los griegos tienen necesidad de un exceso de salud, - poner-enfermo al hombre es la verdadera intención oculta de todo el sistema de procedimientos salutíferos de la Iglesia. Y la Iglesia misma- ¿no es ella el manicomio católico como último ideal?-
Friedrich Nietzsche
Es posible pasar meses en una situación de extraordinaria intimidad con otra persona y, de repente, no volver a verla jamás. Resulta deshumanizador ya que le obliga a uno a adaptarse, a volverse más duro y autosuficiente.
Nelson Mandela
La amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura.
Cicerón
Los cedros son tan erguidos, rectos y bellos. Querría que los corazones humanos crecieran de esa manera...
Yasunari Kawabata
¡Claro que un abogado puede encargarse de un caso así! El individuo tiene derecho a ser juzgado de acuerdo con muchos factores en relación con el acto confeso. Las circunstancias pueden afectar de manera vital el peso de las pruebas indiciarias. El acusado puede juzgarse, pero no puede sentenciarse. Sólo puede hacerlo el juez.
Nadine Gordimer
Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados.
Octavio Paz
Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.
Baruch Spinoza