Con tanto ardor deben los ciudadanos pelear por la defensa de las leyes, como por la de sus murallas, no siendo menos necesarias aquéllas que éstas para la conservación de una ciudad.
Heráclito

Frases de Heráclito - Con tanto ardor deben los ciudadanos pelear por la defensa de las leyes, como por la de sus murallas, no siendo menos necesarias aquéllas que éstas para la conservación de una ciudad.

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Partiendo, pues, de lo concreto, la filosofía marxista explica las leyes que rigen los procesos evolutivos de los fenómenos económicos, instituciones, estructuras sociales y sus correspondientes superestructuras, y el desarrollo histórico de la humanidad en general.
Felipe González
El Presidente de la Comisión, M. Delors, dijo el otro día en una conferencia de prensa que quería que el Parlamento Europeo fuera el cuerpo democrático de la Comunidad, que la Comisión fuera el Ejecutivo y que el Consejo de Ministros fuera el Senado. No. No. No
Margaret Thatcher
El solo hecho de que la gente haya decidido ir y ver las películas donde yo estaba, probablemente es lo más sorprendente que me pasó en la vida.
Johnny Depp
La ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede ni podrá nunca explicarlo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy parece inexplicable. Pero las rayas fronterizas del saber, por muy lejos que se eleven, tendrán siempre delante un infinito mundo de misterio.
Gregorio Marañón
Comprenderlo todo es perdonarlo todo.
León Tolstoi
En realidad los días de la semana deberían ser: Lunes, Martes, Miercoles, Jueves, Viernes, Sabades y Domingues.
Jaume Perich
No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca.
Francisco de Quevedo
La actividad es indispensable al bienestar
Arthur Schopenhauer
El amor es la única actividad humana algo importante en que preponderan la risa y el placer, en proporción tan íntima como se quiera, sobre la miseria y el dolor.
Aldous Huxley
Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay ni dolor ni pena ni la mezcla de ambos
Epicuro