En el clamor de la insurrección es fácil olvidar el motivo por el que luchamos
V De Vendetta

Frases de V De Vendetta - En el clamor de la insurrección es fácil olvidar el motivo por el que luchamos

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Toda persona tiene tres caracteres: el que exhibe, el que tiene y el que cree tener
Jean Baptiste Alphonse Karr
(...) El hermoso sueño del Paraíso... ¿Lo conoce? En el Paraíso, los hombres ya nada desean, ya nada anhelan, allí ya no conocen la compasión ni el amor, allí solamente existen almas dichosas, a las que se les ha extirpado la fantasía con una operación (pues de lo contrario no serían felices).
Yevgueni Zamiatin
Es necesario que nuestros guardianes y sus mujeres se dediquen a las mismas ocupaciones.
Platón
En la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien.
Jaime Balmes
¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.
Miguel de Cervantes
Hijo mío, ve aprendiendo, ve aprendiendo para cuando seas hombre. Del que está caído nadie se acuerda y lo que hacen es patearle y destrozarle para que no se pueda levantar...
Benito Pérez Galdós
No discutamos la opinión de nadie. Pensemos que, si quisiéramos quitarle de la cabeza a alguien todos los absurdos en que cree, podríamos alcanzar la edad de Matusalén sin haber acabado
Arthur Schopenhauer
Supe entonces, con humildad, con perplejidad, en un arranque de mexicanidad absoluta, que estábamos gobernados por el azar y que en esa tormenta todos nos ahogaríamos, y supe que solo los más astutos, no yo ciertamente, iban a mantenerse a flote un poco más de tiempo.
Roberto Bolaño
Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta, y acepta voluntariamente una pena de prisión, a fin de que se levante la conciencia social contra esa injusticia, hace gala, en realidad, de un respeto superior por el derecho.
Martin Luther King
La educación nos inculca desde el nacimiento un repertorio de emociones ya hechas: no sólo lo que nos es permitido o no sentir, sino cómo se han de sentir las pocas emociones que nos son permitidas.
D. H. Lawrence