Tenía una verdadera obsesión por terminar cualquier cosa que hubiera comenzado, lo que a menudo me ponía en dificultades. En una ocasión, había empezado a leer las obras de Voltaire, cuando averigüé, para mi desmayo, que eran casi cien volúmenes de letra diminuta, que aquel monstruo había escrito mientras bebía setenta y dos tazas de café negro al día. Había que hacerlo, pero cuando aparté de mí el último libro, me alegré mucho y dije:¡Nunca más! Nikola Tesla
Mi amor... Mi fe... Instilarán en tu pecho una calma preternatural. Descansarás por el cuidado... Te pondrás mejor... Y si no, Helen, si murieras... Entonces al menos aferraría yo tu mano querida en la muerte, y gustosamente... Oh, alegremente, descendería contigo a la noche de la tumba Edgar Allan Poe