El deseo de desaparecer, porque las cosas desaparecen, emponzoño tan atrozmente mi sed de ser que, en medio de los resplandores del tiempo, el aliento se apagaba y el ocaso de las naturaleza me envolvía con multitud de sombras. Y como veía el tiempo en todas las cosas, esperaba salvarlas del tiempo.
Emil Cioran

Frases de Emil Cioran - El deseo de desaparecer, porque las cosas desaparecen, emponzoño tan atrozmente mi sed de ser que, en medio de los resplandores del tiempo, el aliento se apagaba y el ocaso de las naturaleza me envolvía con multitud de sombras. Y como veía el tiempo en todas las cosas, esperaba salvarlas del tiempo.

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Comprenderéis sin esfuerzo que es absurdo mantener, por medio de delatores y verdugos, la religión de un Dios al que los verdugos hicieron perecer. Es casi tan contradictorio como acaparar los tesoros de los pueblos y de los reyes en nombre de ese mismo Dios que nació y vivió en la pobreza.
Voltaire
No creo que existan reglas sobre los asuntos del amor y la cantidad de compasión que conllevan.
Arthur Miller
El hombre no está hecho para ser un autómata y, se convierte en tal, la base de la salud mental queda destruida.
Aldous Huxley
Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
Winston Churchill
Yo nunca hablo de 'Harry Potter', porque creo que les robaría a los niños algo que es privado para ellos. Creo que demasiadas cosas se explican, por lo que no me gusta hablar de ello.
Alan Rickman
Cualquiera que sea la definición de libertad que demos, debemos tener cuidado en observar dos requisitos: primero. que no contradiga los hechos; segundo, que sea coherente consigo misma.
David Hume
Yo te quiero para siempre, pero siempre es hoy
Gustavo Cerati
El que no haya un botón de borrar en Internet obliga a adoptar políticas públicas que antes nunca habíamos imaginado
Eric Schmidt
La fuerza del conocimiento no reside en su grado de verdad, sino en su antigüedad, en su hacerse cuerpo, en su carácter de condición para la vida.
Friedrich Nietzsche
El hombre que no teme a las verdades nada tiene que temer de las mentiras.
Thomas Jefferson